El mundo futbolero tenía los ojos en Vallecas. Primer partido del adiós de Pep y el campeonato se podía decidir. La oportunidad era de oro y si el Barcelona perdía en un estadio incómodo como lo es del Rayo Vallecano la Cibeles se vestiría de gala por 32 vez en la historia para celebrar un alirón de la competición. Pero parece mentira que muchos no conozcan el carácter arrollador del Barça y que muchos no conozcan a Messi.
Los azulgranas también ganaron en el pequeño estadio del barrio de Madrid donde juegan simplemente los que saben jugar y en donde los que no saben jugar saltan quejándose antes de salir.
En la otra historia, la del Rayo Vallecano, el asunto cambia después de este partido. Hasta hace algunas jornadas, todo daba un poco igual en Vallecas. Ahora el lobo ha asomado las orejas, el descenso está a seis puntos, las jornadas ya no cuadran y todavía queda algún partido complicado. La verdad es que siete derrotas en los últimos ocho partidos se antojan insuficientes para lograr la tranquilidad a tiempo. El Rayo podría volver a meterse en un problema si no saca algo positivo en el próximo partido ante el Mallorca La salvación estaba ahí, y de hecho sigue estando, pero en algún momento hay que alcanzarla.
A pesar de todo, los de Sandoval salieron al césped de su estadio con la intención de hacer daño, de batir a Pinto y a un Barça plagado de cambios en el que Messi, Pedro y Alexis ponían el picante en la zona de ataque. Lo aprovecharon pronto los azulgranas sabiendo que podrían hacer daño a Tito en una banda que no era la suya.
Apenas cumplido el cuarto de hora, después de una gran triangulación por la banda diestra, Leo terminó batiendo a Cobeño por bajo. El argentino habrá dejado escapar este año la Liga y la Champions, pero no va a permitir que le quiten la Copa del Rey y ni mucho menos que Cristiano Ronaldo se haga con el trofeo de máximo goleador.
Solo diez minutos tardaron los de Guardiola en volver a hacer daño en el área del Rayo: segundo tanto para Alexis y en esta ocasión, una víctima, el joven lateral Roberto, que en el intento de salvar el gol se estrelló contra uno de los palos de su propia portería y tuvo que ser sustituido por otro de sus compañeros en el filial, el polivalente Aitor Núñez.
Camino del descanso, Messi prefirió dejar el choque sentenciado y volvió a poner su sello en el tercero: caracoleó en la frontal entre las piernas del rival dio el balón a Keita y el malí, libre de marca, cruzó para dejar finiquitado el partido. Lo del alirón en la Castellana ya se tornaba prácticamente imposible y los madridistas lo tendrán que dejar para el miércoles. Entre tanto, por estorbar, Trashorras y Lass pusieron a prueba a Pinto, que con un par de estiradas evitó que se recortaran distancias... Un simple espejismo, ya que Messi, firmando un partido excepcional, pudo hacer el cuarto incluso antes de irse a la ducha.
Saltó fresca La Pulga en la segunda mitad y antes de que se cumpliera el primer minuto de juego ya había enviado un balón al palo tras jugada catalana por la zurda y Pedro se encargó de hacer el cuarto.
El partido estaba concluido. De aquí al final, solo apuntar que mediado el segundo tiempo, tras seis meses lesionado, Ibrahim Afellay volvió a ponerse la elástica azulgrana para tocar un balón, confirmando su recuperación y jugando minutos de la basura en un choque con resultado cómodo que servirá para coger confianza de cara a volver a su estado de forma.
El Rayo no lo dio todo esta vez. La afición se volverá contenta a casa pero los chicos de Sandoval hoy se han metido en un problema. El equipo estuvo desganado y eso se demostró en los tres últimos goles del conjunto de Guardiola, que dejaron a la defensa franjirroja en ridículo. Una goleada de escándalo para sentenciar un partido muy sencillo para los visitantes.
Por su parte, el Barça deja morir la temporada a la espera de decir adiós a Guardiola dentro de un par de semanas, mientras todos siguen soñando con la Copa.





